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martes, 14 de septiembre de 2010

En el Bicentenario de la Independencia


Reflexionar sobre la Independencia a los costarricenses, siempre nos remite a la circunstancia de que la noticia de tal acontecimiento, en nuestro caso, “llegó por correspondencia”. Para los habitantes del Valle Central de entonces, no participantes de las Guerras de Independencia libradas por compatriotas latinoamericanos, quizá tuvo alguna trascendencia, sin embargo no parece haber sido algo deseado, o por lo que se hubiera luchado.

En la época contemporánea, podemos ver el significado que la independencia tiene para los pueblos, cuando conocemos de las Guerras de Independencia de las naciones africanas, o de algunas asiáticas como los casos de Vietnam, Afganistán o Palestina, donde han costado muchos millones de vidas. Quizá ciertas características históricas de Costa Rica, en parte nos hace ver tales conflictos como algo lejano.

Esto a pesar que en su momento, fue en la Batalla de Santa Rosa que nuestros antepasados rechazaron la anexión expansionista que venía imponiéndose, “por las buenas y por las malas”, desde el norte.

Para nuestros entes oficiales, el 20 de Marzo no es una fecha digna de celebrar en toda su pompa, como si lo es el 15 de Setiembre. Pero en esa fecha Costa Rica rechazó la oportunidad que tuvo un imperio en expansión, de hacernos conocer lo que era la esclavitud y el sometimiento a un régimen de oprobio y humillación. Nunca más han tratado de conquistarnos por la fuerza de las armas. Aquel primer triunfo dio ánimo a los costarricenses, para continuar con una misión trascendental más allá de nuestras fronteras, porque se sabía que el triunfo o derrota de una de nuestras hermanas y jóvenes repúblicas centroamericanas, lo sería para las demás. Por eso la acción no se detuvo hasta la derrota completa del invasor. La gloria del triunfo fue rescatada y ha permanecido en nuestras conciencias, lo que nos permite celebrar hoy en día.

Durante algunos años los festejos del 15 de Setiembre, serán parte del conjunto que celebra el Bicentenario de la Independencia de Hispanoamérica; pues hace doscientos años las proclamas recorrían nuestras naciones. Pero en nuestro caso, éramos apenas una pequeña provincia, que para los centros de poder coloniales no tenía mucha importancia, lo que posiblemente también repercutía en que tales llamados por la libertad, tampoco hicieran brotar el espíritu rebelde en los “vallecentrinos”.

La indefinición mostrada ante las noticias provenientes de Guatemala y León, dice bastante de la importancia que la “gran novedad” tuvo para los “vecinos principales”, a quienes como se dice en tico, “agarró asando elotes”.

Hay que reconocer que en las otras provincias de la Capitanía si hubo movimientos insurreccionales, quizá con alguna participación de personas originarias de nuestras serranías. Pero hay que ser claros, que para la mayoría de los habitantes de nuestro territorio, la noticia de la independencia posiblemente ni les llegó, pues tal asunto era objeto de atención de quienes habitaban los centros de población o sus cercanías inmediatas, no de quienes estaban esparcidos por “lejanos arrabales”. Mucho menos lo fue para quienes realmente sí podrían tener algo de interés legítimo y ancestral, como era la población autóctona de indígenas, obligados a retirarse a las zonas más escondidas y de difícil acceso, para evitar el sometimiento a las ambiciones de los conquistadores y la explotación colonial.

Somos parte del Bicentenario, pero me cuestiono si lo estamos viviendo, si tiene un significado real para los costarricenses. Parece que no somos parte. Es que Costa Rica se mantiene en esa ambigüedad, de pertenecer, pero a la vez no pertenecer; celebrar, pero a la vez no celebrar, con una visión más conservadora que de apertura. El Bicentenario se está celebrando en otros países, porque en 1808 iniciaron las Guerras de Independencia, que no concluyeron hasta que los principales virreinatos proclamaron sus repúblicas, luego de periodos de auge y reflujo de las victorias, hasta el triunfo de las tropas de Bolívar en la última batalla. Aún quedaban algunos territorios y otros imperios se aprestaron a engullir a las nuevas colonias, lo que lograron solo por breves periodos y en pocas zonas.

Como en nuestro territorio, en amplios espacios americanos, la independencia tampoco tuvo gran significado. También había pobladores alejados del bullicio político o lo que significara la supuesta “liberación”. Nuevos amos, en algunos casos no tan nuevos sino herederos del imperio, enseñorearon las tierras y actividades productivas. De hecho en anchos espacios territoriales, durante décadas se continuaron aplicando las leyes del fenecido imperio español. Así que para el trabajador o campesino, similares a nuestros “labriegos sencillos”, la independencia pudo haber pasado desapercibida, porque no tuvo gran significado en sus vidas, que continuaron siendo como antes.

En otros casos las guerras por la independencia se fueron transformando en luchas por sus condiciones de vida, por la tierra y por la justicia. Algunas triunfaron y tuvieron éxitos temporales, otras han continuado hasta la actualidad. Una de ellas es la Revolución Mexicana, cuyas manifestaciones de conflicto armado iniciaron en noviembre de 1910. En México se aprestan a celebrar este centenario, pero millones de campesinos humildes aún esperan resultados de esa “Revolución”.

Hasta nuestros días continúan existiendo señores y algunos “disque emperadores”, o que tratan de aparentarlo, aunque tengan un cetro endeble y de corto alcance.

Por esto la Independencia a veces parece inconclusa, particularmente para los pueblos originarios, disminuidos y excluidos del desarrollo que a muchos de nosotros ha llegado. En diversas latitudes de nuestro continente las luchas indígenas por su liberación continúan. Desde hace más de dos meses, una huelga de hambre ha sido asumida por un grupo de indígenas mapuches, habitantes originarios de la Araucanía chilena. Están detenidos porque luchan por su derecho a la tierra. Pero su huelga de hambre no es por su derecho a la tierra, sino para no ser considerados terroristas por la justicia del país de que son parte, aunque no por su libre elección.

En ese mismo país, los 33 mineros han demostrado la importancia y fortaleza de la solidaridad humana y de la unidad de esfuerzos. Sobrevivieron sin perder la esperanza de vida y ser rescatados, siendo víctimas del descuido y la negligencia de una empresa muy interesada en sus dividendos, aunque no tanto en que los medios para obtenerlos fueran lícitos y transparentes. Algo de responsabilidad cabe seguramente a las autoridades gubernamentales, quienes debieron garantizar las normas mínimas de seguridad. Ya vendrá “la verdad de los hechos” a ser conocida.

Sean estos ejemplos a tener en cuenta y a “echar para nuestro saco”. En estos días que en Centroamérica y México celebramos la Independencia, también Chile se recuerda el oprobio que significó la imposición de una dictadura militar sobre la voluntad popular. Se recuerda que hay muertos, desaparecidos y exiliados aún esperan por la justicia.

En nuestro país los pueblos originarios tampoco están satisfechos con la legislación que atañe a sus derechos ancentrales. Plenos en su disposición y buena voluntad, llegan pacíficamente desde lugares remotos a pedir por esos derechos, sin que sean escuchados. Pero si adoptan alguna acción de presión, no faltará en nuestro medio quien también los califique de terroristas u otros epítetos no menos ofensivos. Para ellos no ha llegado la independencia, porque no tienen derecho a decidir sobre el uso de sus tierras. Son los poderes ajenos a su ámbito los que toman decisiones por ellos.

Hoy nos declaramos independientes, así se siente en el ambiente patrio que se vive en el mes de setiembre, con desfiles, guirnaldas, banderas y símbolos nacionales. Pero no debemos olvidar que somos latinoamericanos, que en muchos territorios la independencia parece no haber llegado. Incluso dentro de nuestras fronteras, es necesario reafirmar la independencia, no como un fin en sí misma, de la que nos podemos vanagloriar, sino para procurar ser más libres, disponer de nuestras propias decisiones, para que esa libertad sea real para todos.

Tampoco podemos ser indiferentes ante la intranquilidad que genera la presencia de los mercaderes de la salud y de la muerte, que con cierto hedor a armamentismo amenaza nuestra tranquilidad. El descuido y la negligencia parecen haber contribuido a la debilidad de nuestra capacidad de reacción ante las amenazas externas. Hoy en día nada parece moverse sino es al ritmo de los dólares y las prebendas, el “toma que te doy”, porque “si no me das, no te doy”. Esta es una cultura que se ha venido imponiendo: la de la negociación y acuerdo, entendido como el reparto de un pastel entre quienes se creen con derecho a ser parte, por controlar los hilos del poder económico o político.

Tómese esto como parodia del reacomodo de las fuerzas imperiales. Mientras sea útil y beneficioso a los amos de la actualidad, así como les cuesta moverle el piso al dólar, también les cuesta aceptar la tendencia del rumbo histórico de América Latina y acomodarse a su ritmo, quizá esperando “aclarar los nublados del día”. Cómo en el momento de la Independencia, hay quienes parecen más conservadores que los realistas que pretendieron la continuidad del dominio español, o la adhesión a otro imperio que les cobijara. Recordemos que sin haberse dado cuenta, ese imperio ya había fenecido, por lo que en vano pelearon una batalla que de todas maneras perdieron.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Protección real a las mujeres agredidas

Hace pocos días una jueza ordenó la puesta en libertad de un hombre que propinó 17 puñaladas a su exesposa. Al parecer actuó con con toda la premeditación y casi logró su objetivo de asesinarla. Aunque fue detenido por la acción de jóvenes estudiantes y otras personas civiles, en forma inexplicable de inmediato salió en libertad, haciendo alarde de su intención de encontrar a la mujer y matarla.

¿Qué es esa forma de aplicar la ley? ¿Cuál es entonces la protección que se debe dar a las mujeres, y a cualquier persona amenazada en su integridad física por un asesino? ¿Qué valor se le está dando a la vida humana, cuando quienes atentan contra ella logran evadir el peso de las leyes, a veces con la ayuda de las autoridades policiales y judiciales?

Que los policías cometen errores en los arrestos, parece haberse convertido en la excusa de una parte de los jueces, que de esa manera eluden su responsabilidad de mantener al agresor entre las rejas, lejos de sus víctimas. ¿Por qué entonces tales jueces no exigen a los policías fundamentar las detenciones, bajo la advertencia que la omisión implica procesarlos por negligencia y complicidad en los crímenes? Es evidente que el trabajo mal hecho en estos casos, los convierte en eventaules cómplices, "culposos", por dar espacio para que los crímenes ocurran.

Dichosamente un tribunal revocó la decisión de la jueza y ésta será sometida a una investigación. Pero otras veces esto no ha ocurrido. Se han cometido asesinatos, a pesar del presagio de víctimas y asesinos, es decir, todos estaban avisados, incluyendo jueces y policías.

Cuando recién se aprobó la ley de penalización de la violencia contra la mujer, no quedó claro cómo es que se pretegería la integridad de las víctimas amenazadas o con intentos de asesinato. Es normal que el victimario sea vecino o logre acercarse, para de nuevo agredir o ejecutar actos más atroces. Por esto esas mujeres deben ser trasladadas de domicilio, lejos del medio donde ocurren las agresiones.

¿Cómo es posible que no exista un programa de protección que de manera efectiva impida tales acercamientos? Definitavamente, la mujer, o cualquier persona amenazada de muerte debe ser protegida. Con mayor razón cuando han ocurrido intentos de asesinato, amenazas y otras agresiones.

Pero se ha omitido desarrollar un programa de este tipo. Cierto que Costa Rica es un país pequeño. Y por eso debe tener una planificación cuidadosa. No basta que los familiares, amigos y vecinos se involucren. La realidad de los crímenes cometidos demuestra que se requieren acciones más efectivas. El cambio de residencia, o incluso de identidad sería una manera de proteger, principalmente a las mujeres, de ser asesinadas por quien en algún momento pretendió darle seguridad y protección.

También se evitaría que con cualquier ardid, como ocurrió en Palmar de Osa, el criminal ejecute lo que ha planeado, abusando de la buena fe, posiblemente buena voluntad, incluso inocencia, de su exmujer.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Covachas inhumanas, para hoteles de lujo en las playas del Pacífico de Costa Rica.

La muerte de un trabajador en las covachas que los medios de comunicación televisivos han mostrado, desnudan uno de los rostros que tratan de esconderse, alrededor del espejismo creado por las grandes inversiones en turismo. Recuerdan las condiciones sociales que se establecían en las regiones controladas por las compañías bananeras, que en otros tiempos provocaron las reacciones que históricamente conocemos.

La época actual, el desarrollo social de Costa Rica, las condiciones socioeconómicas de la región, hacen inconcebible que esto ocurra. La circunstancia de que muchos de los trabajadores sean nicaragüenses, no puede ser admitida, por inhumana y abusiva, como atenuante para semejante abuso e incumplimiento de los derechos laborales y humanos que a ellos les corresponde.

Mucho menos teniendo en cuenta que las ganancias que tales empresas, hoteleras y constructoras, puedan obtener. De seguro compiten con las que esperan quienes ambicionan establecer la minería a cielo abierto, o la posible explotación de petróleo en nuestro territorio.

¿Cuántos hoteles de tantas estrellas, se han construido y se van construir en las hermosas playas de Costa Rica, a lo largo de las costas de Guanacaste y Puntarenas? ¿Se están respetando los derechos humanos y laborales de los obreros que ahí laboran?

El Pacífico costarricense tiene muchas otras riquezas que están siendo explotadas y hasta el momento se carece de los medios, los recursos y la voluntad necesaria de hacer cumplir las leyes. ¿Acaso es la primera vez, que sólo al ocurrir una muerte, las autoridades se enteran o ponen atención al problema?

Costa Rica es gran atrativo para grandes inversionistas europeos y de otros latitudes, pero algunos parecen no tener miramiento en las condiciones inhumanas, en que se tiene a quienes construyen tan lujosos edificios.

Los turistas vendrán a disfrutar lo que con el sudor de trabajadores costarricenses y migrantes nicaragüenses, unos legales y la mayoría de contrabando, están construyendo en nuestras costas del océano Pacífico. Da la impresión que la sobreexplotación de estos obreros, es también otro asunto que debería ser atendido como corresponde por el Ministerio de Trabajo, para eso tiene instrumentos legales de sobra. ¿Qué más debe ocurrir para que actúe como la ley le manda?

Se ha puesto en evidencia que las construcciones ocupan una gran cantidad de mano de obra nicaragüense, que una parte de esos trabajadores se trasladan temporalmente al lugar, donde son alojados en covachas que no tienen las condiciones sanitarias mínimas para el abastecimiento de agua, preparación de las comidas y habitabilidad de las personas. ¿Cómo es posible que no les brinden la atención médica mínima y los hagan laborar jornadas extenuantes?

La muerte de un trabajador ocurrió no solo por el hacinamiento en que son alojados. Es claro que con atención médica no hubiera ocurrido, lo que en nuestro país es inconcebible. La empresa hotelera definitivamente está involucrada y tampoco puede hacerse de la vista gorda.

Tenemos leyes laborales, sanitarias y de seguro social que, en el caso de la empresa que construye dicho hotel, no han sido respetadas. Esto es parte de la ética y la responsabilidad que una empresa extranjera debería tener, si pretende instalarse en nuestro país, para disfrutar de los dividendos que seguramente le generará su inversión.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Don Oscar Arias: "dicen que es de noche cuando es medio día"

Así se refirió don Oscar al resultado del "latinobarómetro" sobre percepción de la democracia, en que Costa Rica bajó 16 puntos, señalando que es equivocado que un 79 % de los costarricenses crean que el país está gobernado por un grupo pequeño pero muy poderoso, para su beneficio y no el de toda la población.

Los ticos sentimos que nuestra democracia ha decaído. ¿Qué se podría esperar luego de lo que vivimos con la mediatización dada para el frauderendum?

No se trata solo del gobierno en favor de una minoría muy pequeña y privilegiada. Los indicadores del coeficiente de gini; la distancia en la distribución del ingreso entre los percentiles más bajos y los más altos de la población; los recursos para vivienda que se quedan sin invertir en las arcas estatales; los recursos destinados a consultorías innecesarias; la destrucción y reconstrucción de carreteras como negocio; la pérdida de recursos en trámites que los costarricenses debemos realizar cotidianamente ante burocracias, en el mal sentido, enraizadas desde la emisión de las mismas leyes; los procedimientos absurdos que inmovilizan la actividad productiva y provocan desesperación en quienes desean mejores condiciones de vida; la burla con simulacros de participación mediatizada por favorecimiento clientelares y mayorías conseguidas con ofrecimientos y amenazas encubiertas. El doble y hasta triple pago por servicios de seguridad y educación en los que el estado, particularmente los gobernantes, demagógicamente se han comprometido y no han podido cumplir.

Todos son indicadores del debilitamiento de la democracia que la población manifiesta en ciertas encuestas de opinión.

Todavía hay sectores aparentemente muy educados, que no han comprendido que la democracia del siglo XXI ha dado un salto cualitativo con el uso de los medios de información y comunicación. Ya no es tan fácil esconder los chanchullos y las mordidas ante la población. De la nada surge quién ponga en jaque al corruptor hipócrita, que con adornada elocuencia logra imponer su criterio mediante la concesión de favores y el "dame porque yo te doy". Barack Obama ha calificado bien a los cabilderos de pasillos, cafeterías y mesas de cantina. Algunos han tenido que llegar hasta el banquillo a procurar la demostración de su inocencia.

No obstante, de la misma manera que se conserva la posibilidad de opinar, el Presidente de la República tiene una percepción particular sobre la percepción de un sector importante de costarricenses. Esto llama la atención a los analistas y estudiosos de nuestra democracia, que cada vez más se preguntan cómo es que Costa Rica lleva un rumbo en retroceso, como el cangrejo. Los datos indican que las águilas se quedaron en las alturas y han sido incapaces de bajar a darse cuenta de las verdaderas necesidades que afectan al país.

martes, 28 de octubre de 2008

Mediatización en Las Crucitas

La información que estamos recibiendo sobre la mina de Las Crucitas está siendo mediatizada por algunos medios de comunicación que tratan de hacer creer que con la dichosa mina se van a resolver los problemas sociales de los pobladores aledaños a la explotación minera. Los agricultores dejados a menos por las políticas de gobierno ahora son objeto de atención para apoyar el proyecto minero. De pronto son importantes y objeto de atención para solucionar el problema de desempleo en la zona y a lo mejor hasta podrán encontrar alguna pepita de oro con qué hacerse ricos de la noche al día.

Quieren convencer que como no hay lapas verdes, entonces se pueden cortar los árboles de almendro amarillo. Claro, desde hace años que se viene impulsando la política de deforestación y han socavado el hábitat de esta especie, al extremo que ya casi no se ve en la zona. Por supuesto que todo ello tiene impacto negativo para ésta y otras especies. Recuerda el cuento de María Antonieta: que cuando preguntó porque el pueblo francés reclamaba por pan, le contestaron que no había pan, entonces ella solucionó el asunto indicando que les dieran galletitas.

No está mal que se creen fuentes de empleo, pero si que se manipule la conciencia de estas personas, para hacer creer que la explotación minera a cielo abierto tiene algo de positiva. Tampoco que no se señalen las consecuencias que en el mediano y largo plazo tendrá tanto para la zona, el medio ambiente y la salud de los mismos habitantes que hoy son utilizados para favorecer intereses privados.